Satisfacciones
Ser un animal pequeño en una ciudad brillante. Acechar el día con las pestañas cortas y voluminosas. Tener la palabra rápida como los niños, ausentes de prejuicio y llenos de sí mismos. Hacer las cosas con amor o con odio, pero siempre con violencia (Cesare Pavese). Ser robusto y pequeño como un pensamiento circular. Anotar la influencia de otro andar en tu andar, caminar en una misma partitura. Saborear cada contacto como si fueras una araña atrapando a su primer insecto en la telaraña. Mirar al cielo contradecirse: siendo mandarina, océano, berenjena, chicle, rezo y misterio en un mismo día. Mirar al cielo como máxima expresión de contener multitudes (Walt Whitman). El cielo y su gemelo acuoso, el mar.
Oh, ser un animal celeste en una ciudad enorme y amable. Mover mi voluntad de varita mágica y comer melocotones salvajes cuando el cielo está mandarina. Decir que sí. Decir que sí. Hacer de la francachela un manifiesto. Confiar en las fuerzas ciegas. Usar más el verbo “colmar”: llenar hasta los bordes tu existencia. Contarle a tus amigos que la etimología te enternece. “Tiramisú” significa “levántame”. “Entusiasmo” es “tener un dios dentro”. Encontrar placer en la etimología como querría Borges. Vivir con entusiasmo como querrían los apasionados. Tener ideas densas y resbaladizas como encurtidos. Ponerle una ventana más a mi alma, mi alma vidriera de luces rojas, rosas, verdes, azules, blanquecinas, luces húmedas y pegajosas, un alma llena de haditas piojosas. Sí. Tener la imaginación sonriente al lado de una puerta pesadísima con remates de plata, brazos de metal dibujando formas vegetales y una manija con forma de colibrí. Una puerta abierta que dé paso a una casa libro, una casa palabra, una casa que vuela: mi corazón.
Un río me llama todas las noches, el río de mis antepasados. Yo a nivel del mar, mi río a 3500 metros sobre el nivel del mar. Todos mis cuentos comparten esa raíz. Me pregunto sobre el pasado y las respuestas cambian constantemente. Me pregunto sobre el futuro y las preguntas nunca se repiten. En la última película de Sorrentino, La Grazia, una frase declama: “Dios sugiere las preguntas y evita cuidadosamente las respuestas”. De camino al café sonrío a todo el mundo, niños, perros, ancianos. Las paredes de mi ciudad saben más de mí que yo y dominan el arte del silencio. Tengo un dios dentro. Todo lo que aprecio de mí está en los niños. Todo lo que espero de mí está en los ancianos.


